La intimidad y tus 5 sentidos: cómo invitar al erotismo a tu relación cuando te sientes agotado

“El erotismo nos revela otro mundo, dentro de este mundo. Los sentidos se vuelven sirvientes de nuestra imaginación, dejándonos ver lo invisible y escuchar lo inaudible ”. - Octavio Paz

El significado completo de la palabra erotismo implica el sentido de vitalidad, curiosidad y espontaneidad que nos hace sentir vivos, mucho más allá del mero reino sexual. Cuando encarnamos nuestro yo erótico, nos sintonizamos con los mundos que nos rodean y dentro de nosotros. Escuchamos un poco más de cerca. Tocamos un poco más suave. Saboreamos y nos demoramos. Observamos y encarnamos. El erotismo infunde significado a nuestras experiencias, fomenta la conexión y, cuando los tiempos son difíciles, el erotismo es la fuerza vital que nos mantiene conectados con nuestro sentido de humanidad, esperanza y alegría a pesar de todas las adversidades. Esta fuerza vital es fundamental en todas las etapas y en todas las fases de cualquier relación. Dicho esto, el erotismo es especialmente importante cuando las parejas enfrentan desafíos, ya sea que provengan del interior de la relación o de problemas externos como el estrés laboral, la ansiedad climática, la enfermedad, la muerte de un ser querido o una sensación general de pavor existencial.

Cuando invitamos al erotismo a nuestra vida individual, particularmente al involucrarnos en nuestros cinco sentidos, nos damos permiso para recordar una verdad fundamental pero a menudo olvidada: la belleza esencial del mundo está disponible para nosotros, siempre, incluso en los momentos más oscuros. Cuando invitamos al erotismo a nuestra relación, ese contenedor de permiso se expande alrededor de la pareja, manteniéndonos unidos por una sensación compartida de asombro que nos motiva y emociona a la vez. El erotismo es una fuerza contraria a la melancolía, y acceder a él puede ser tan simple como sintonizarnos con los sentidos que tenemos disponibles.

Cómo el tacto fomenta la intimidad

El tacto es el primer sentido que desarrollamos. Cuando somos bebés, el tacto es la forma en que aprendemos sobre el mundo fuera del útero. Así es como nos calmamos a nosotros mismos, chupándonos el pulgar y girando nuestro cabello para reducir la frecuencia cardíaca y los niveles de cortisol y liberar oxitocina. Cuando somos pequeños, nos gusta tocar todo, explorando qué texturas y temperaturas nos gustan y no nos gustan. Comenzamos a hacer cosas: edificios con bloques de madera dura, fuertes con sábanas suaves y almohadas de felpa, esculturas diminutas hechas de arcilla blanda que se endurece con el tiempo.


La forma en que sintonizamos nuestro sentido del tacto como adultos está íntimamente relacionada con cómo nos gustaba jugar cuando éramos niños. A medida que envejecemos, pasamos a nuevas iteraciones de las experiencias tácticas que fueron tan formativas en nuestra juventud. Nos calmamos a nosotros mismos a través del masaje y la masturbación si podemos hacernos el espacio y el tiempo para hacerlo. Tomamos largos baños calientes si podemos exprimir uno después del trabajo. De vez en cuando, dormimos hasta tarde los sábados, deleitándonos con nuestra pareja en las suaves sábanas de nuestra cama. Tendemos a tratar estas experiencias como circunstancias especiales, pero cada una es una expresión fundamental de la personificación de nuestro yo erótico. Dar prioridad a estas experiencias tácticas puede ser tan simple como crear un pequeño altar de elementos que nos gusta tocar, permanecer intencionalmente en la cama un poco más con nuestra pareja o dar un paseo descalzo juntos y discutir cómo se siente la hierba bajo nuestros pies. Nada mejor, sin embargo, que un toque en el hombro o un abrazo que transmite sin palabras: te veo. Me preocupo por ti. Estoy emocionado de estar contigo. Estamos en esto juntos.

Ver es creer

En tiempos difíciles, nuestros ojos tienden a fijarse en los aspectos de nuestro entorno que respaldan lo que sentimos por dentro. Notamos el desorden de la casa y los objetos físicos como facturas o un electrodoméstico roto que representan una interminable “Lista de Tareas". Nos miramos en el espejo y nos damos cuenta de lo que deseamos que sea diferente. ¿Cómo sería vernos a nosotros mismos y a nuestro entorno a través de una lente más amable y suave?


¿Qué pasaría si nuestra casa no fuera simplemente una casa desordenada, sino un lugar donde los niños se sientan libres para jugar, para convertir los cojines del sofá en botes y las sábanas en fuertes?

¿Qué pasaría si nuestro aparato roto fuera un signo de renovación, que la tostadora hizo un desayuno maravilloso hasta que no lo hizo, y ahora es el momento de uno nuevo y reluciente?

¿Qué pasa si elegimos intencionalmente ver el cuerpo en el espejo como el recipiente que nos transporta y nutre en lugar de un saco de boxeo?

Nuestro sentido de la vista está estrechamente relacionado con cómo percibimos. Nuestros ojos captan lo que tenemos frente a nosotros, pero nuestras mentes crean la historia. Soñar, podría decirse, es una extensión del ver. Incluso si el entorno que tenemos frente a nosotros parece el infierno, siempre podemos soñar con otra versión y, si realmente sintonizamos los detalles más pequeños y hermosos de nuestra vida, podemos encontrar pruebas de la existencia de esa realidad.

La diferencia entre oír y escuchar

Cualquier meditación guiada comienza con una versión de lo siguiente: “¿Qué escuchas? ¿Sirenas, pájaros, coches, gente hablando? No intente bloquearlo; simplemente acepta el ruido y deja que se desvanezca a un segundo plano ". Todos sabemos que es más fácil decirlo que hacerlo, pero hay algo de profundidad en este ejercicio: tenemos cierta capacidad para tomar decisiones sobre cómo asimilamos los sonidos que nos rodean, ya sea para agonizar por ellos o aceptarlos como parte de nuestra experiencia.


Puede que no tengamos elección en lo que escuchamos; pero tenemos flexibilidad en la forma en que escuchamos, y eso marca la diferencia. Esto se aplica a todo lo que nos llega a través de nuestros oídos. Con tu pareja, prueba:

Ponerse lo más silencioso posible y nombrar todos los sonidos que cada uno puede escuchar.

Escuchar un álbum favorito de principio a fin, no solo en segundo plano mientras haces otra cosa, sino como actividad principal.

Cantar juntos una canción favorita e intentar armonizar o recordar todas las palabras. (Incluso si no es bonito, será divertido).

Tener una conversación en la cama solo en susurros. Acérquense a los oídos de los demás y hablen lo más suavemente posible.

Intimidad aromática

El olfato es el más básico de los sentidos. Cuando olemos algo, sabemos instantáneamente si nos gusta o no. Se trata de biología y química. Y el olfato está profundamente conectado con la memoria. En el momento en que percibimos el olor del perfume de nuestra madre, o olemos naftalina que nos recuerdan al ático de nuestros abuelos, nos transportamos instantáneamente. Lo mismo ocurre con nuestras relaciones románticas. Pregúntense unos a otros:


¿Qué aroma te recuerda nuestra primera cita?

¿A qué huele el aire donde vivimos?

¿A qué huelo? Intente realmente reducirlo a tres notas específicas.

¿Qué comida hacemos que te emocione desde el momento en que empieces a oler sus sabores?

Esa última pregunta también proporciona una maravillosa ventana a cómo la sintonía con nuestros sentidos está íntimamente relacionada con la forma en que experimentamos el deseo. Así como nuestra boca comienza a babear cuando olemos algo que se está cocinando, todo nuestro cuerpo comienza a sentir deseo cuando nuestros sentidos detectan algo que nos excita.

El buen gusto

En caso de duda, preparen juntos una buena comida. Cocinar utiliza todos los sentidos. Vemos la hermosa comida, la olemos en cada etapa de la cocción, escuchamos cómo hierve, crepita y cruje, tocamos sus texturas y, por supuesto, saboreamos todos sus deliciosos componentes. Cocinar también nos recuerda nuestra capacidad para cuidarnos a nosotros mismos, ser autosuficientes y co-crear algo el uno para el otro. Estos son recordatorios cruciales, especialmente cuando nos sentimos desanimados o deprimidos.


Nuestro sentido del gusto nos recuerda que debemos reducir la velocidad, saborear en lugar de engullir, participar en una experiencia estética porque es placentera y nutritiva. Intenten esto juntos:

Divide una naranja en dos mitades. Dale la mitad a tu pareja.

Gírelo en sus palmas. Clava tus uñas en su piel, solo un poquito.

Huele la pizca de jugo de naranja que emerge al hacer esto.

Toma un mordisco.

Enróllalo en tu boca. Pruébalo en cada rincón.

Observe el brillo, la acidez, luego trague.

Beso. Prueba la naranja en los labios de tu pareja.

Si disfruta de este ejercicio, considere mantener un tazón pequeño de naranjas en la encimera de la cocina. Incluso cuando el día es ajetreado o estás corriendo por la puerta, solo verlos nos servirá como un recordatorio para nosotros y para nuestro socio: Disminuye la velocidad. Saborear. Conectar.

Y dedique tiempo hoy para sintonizar todos nuestros sentidos, juntos.


34 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo