Te amo, pero... ¿qué somos?

Decir "Te amo" ha sido durante mucho tiempo el último indicador de seriedad en los primeros meses de las relaciones románticas. En las últimas décadas, sin embargo, el surgimiento de la “situación” ha alargado la fase del "¿Que somos?”. Ya que no es simplemente un puntapié inicial para el compromiso. Es una pregunta con motivaciones y resultados complejos. Muchos de nosotros estamos felices de evitarlo por completo, prefiriendo la libertad y la autonomía de la no definición. Pero para los que anhelamos títulos y términos, esas tres palabritas llaman a la puerta de nuestra impaciencia, imbuyendo nuestros encuentros de una angustia que carcome el goce. La anticipación positiva que una vez nos alimentó puede convertirse en una anticipación negativa: ese sentimiento de esperar a que caiga el otro zapato, a que todo termine antes de que realmente comience. ‍


Las situaciones son difíciles de definir y aún más difíciles de llorar. A muchos de nosotros nos preocupa que preguntar "qué somos" demasiado pronto pueda acabar con la naturaleza lúdica y relajada del amor naciente, acelerando hacia un final incómodo. Pero no tiene por qué ser así. Ya sea que estemos felices de mantener el statu quo (vidas separadas conectadas por el afecto mutuo) o deseemos un compromiso más entrelazado, discutir "qué somos" es una parte importante de crear una realidad compartida con límites y expectativas saludables.

¿Por qué preguntar “qué somos” parece tan tabú?


La conexión es real. La química es profunda. Es posible que ambos queramos lo mismo. Entonces, ¿por qué da miedo iniciar la conversación? Porque en esa fase temprana, el no-saber puede portar su propia magia. Cuando no hay un compromiso explícito, no se toma una decisión sobre lo serio o lo casual, todas las opciones son posibles. Cada momento que pasamos juntos es una elección, no una obligación o expectativa. La ambigüedad puede sentirse erótica, inundándonos con su novedad y sorpresa. Pero con toda esa libertad viene una cierta cantidad de inseguridad e incertidumbre. A algunos de nosotros nos gusta eso; y a algunos de nosotros no. ‍

Todos sabemos lo rápido que esa ambigüedad sexy puede convertirse en “ambigüedad estable”, en la que tenemos el consuelo de la consistencia suficiente para no sentirnos solos, pero no lo suficiente para comprometernos o construir intimidad. Este patrón de espera puede parecer un purgatorio de relaciones, especialmente para aquellos de nosotros que querríamos una relación más tradicional centrada en etiquetas claras, compromisos e hitos como casarse, tener hijos, comprar una casa, etc. Estos son deseos perfectamente normales. Pero eso no es lo que todos queremos.

En estos días, la gente se casa, en promedio, diez años más tarde que en generaciones anteriores. Traemos más de nuestras propias vidas individuales a nuestras relaciones y fusionar vidas por completo no es el rito sistemático de iniciación que solía ser. Podemos amar a alguien y no querer combinar vidas. Podemos amar a alguien y querer mantener las cosas casuales. Podemos amar y tener relaciones con varias personas a la vez si todos estamos en la misma página. Lo que ayuda es honrar lo que cada parte necesita y quiere... y eso requiere algo de conversación.



El amor moderno viene en muchas formas. Y si no hablamos sobre qué forma queremos, nos queda asumir que queremos las mismas cosas. A través de esa lente, pueden ocurrir muchos malentendidos y heridas. Preguntar “qué somos” no se trata solo de definir la relación; también se trata de hablar sobre la monogamia, el poliamor, las estructuras familiares, la fusión de vidas, los niños, las ambiciones profesionales, los plazos y más. Eso es mucha presión para una relación que acaba de comenzar. Si quieres saber por qué se siente tan tabú preguntar "qué somos", es porque estas capas ocultas giran en torno a nuestras necesidades y deseos, nuestro pasado y nuestro futuro. Es vulnerable y crudo. Parte de la magia de esos primeros días es la capacidad de fingir que nada de eso existe; estar profundamente en el momento. A veces, ese es el único lugar en el que podemos experimentar ese tipo de libertad. ¿Quién querría renunciar a eso?

"No estoy tratando de ponerle una etiqueta, pero…"

Todos necesitamos libertad y todos necesitamos seguridad. Algunos de nosotros necesitamos más de una que de la otra y buscamos en nuestras relaciones para conseguirlo. Una persona que necesita más libertad puede eludir las etiquetas, mientras que una persona que necesita más seguridad puede sentir que continuar sin una etiqueta infringe su autoestima y respeto por sí mismo. ‍

Si lo que queremos es una etiqueta, no hay necesidad de pretender lo contrario. Las etiquetas crean claridad y es perfectamente normal querer llamar a alguien que amamos “nuestra pareja”. Si nos gustaría convertir una situación en una relación de buena fe, y especialmente si estamos interesados ​​en una asociación a largo plazo, la pregunta de "¿qué somos?" es un lugar de partida estándar. El respeto y la comunicación que sigue pueden decirnos mucho sobre cómo sería la otra persona como pareja comprometida. ‍

Sin embargo, ten en cuenta que el hecho de que queramos ponernos serios no significa que no podamos jugar. Un poco de humor puede ser útil aquí: “Creo que te gusto. Creo que quieres que sea tu novia/novio/pareja...”. Si se enfurecen con esas palabras, la alegría también puede ayudar aquí. “Ooh, no te gusta esa palabra. ¿Por que?" La respuesta puede revelar una nueva historia. Tal vez quieren un arreglo diferente. Tal vez temen el compromiso. No podemos permitir que los tiempos de una persona dicten nuestras propias necesidades. Del mismo modo, no podemos dejar que nuestros deseos dicten los de ellos. Hablarlo.

Las historias de amor no son lo mismo que las historias de vida‍

Si la respuesta a "¿qué somos?" tiene un resultado decepcionante, el golpe a nuestro ego puede ser tan doloroso como perder nuestra idea de lo que podría ser la relación, o lo que pensábamos que ya era. Es importante recordar que las personas que amamos no son necesariamente las mismas personas con las que podemos hacer una vida. Las historias de vida no son lo mismo que las historias de amor. Es un conjunto diferente de ingredientes, diferentes aspiraciones. Podemos tener un maravilloso coqueteo de corta duración, totalmente desconectado de nuestras realidades, y puede ser un amor perfecto y hermoso. Pero tiene poco que ver con el intrincado andamiaje que sustenta una vida en común. ‍



Si la respuesta a "¿qué somos?" es satisfactoria para ambas partes, nos alegraremos de haber iniciado la conversación. Si terminamos en esto a largo plazo, preguntarnos “qué somos” es un gran ejercicio al que volver periódicamente como una forma de revisar nuestros compromisos, expectativas, visiones, sueños y límites. Las relaciones están destinadas a cambiar y crecer y un poco de infraestructura conversacional beneficia a todos.


Por cierto... ¡¡FELIZ SAN VALENTIN!!


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