7 verbos que dan forma la manera en la que amas
- Patricia Vazkez

- 16 jun
- 2 min de lectura
¿Qué tienen de diferente las relaciones de hoy respecto a las de antes? ¿Por qué amar parece, a veces, tan condenadamente complicado? ¿Cómo mantenemos viva la pasión con el paso del tiempo? ¿Por qué las personas son infieles? ¿Es posible prevenir una aventura? Cuando la confianza se rompe, ¿puede reconstruirse? ¿Las habilidades relacionales son universales o podemos ser una persona en casa y otra completamente distinta en el trabajo?
Estas son algunas de las preguntas que más escucho. Aparecen en consulta, en conversaciones con amigos, durante una cena, en un descanso entre sesiones o incluso en la sala de espera de un centro de estética. Son preguntas que regresan una y otra vez, cargadas de curiosidad, inquietud y esperanza.
Sin embargo, hay una que sigue siendo mi favorita:
¿Dónde aprendemos a amar y cómo lo hacemos?
Con los años he llegado a una conclusión: amar no es únicamente un sentimiento. Es una habilidad.
Amar no es un estado permanente de entusiasmo ni algo que simplemente nos ocurre. Es un proceso dinámico y activo. Requiere intención, práctica y responsabilidad. Y, sobre todo, es un verbo.
Cuando aprendemos un nuevo idioma, los primeros verbos que incorporamos son los que nos permiten relacionarnos con el mundo. Son la base de toda comunicación. Creo que algo parecido sucede con el amor.
Por eso presto especial atención a siete verbos fundamentales:
Preguntar
Tomar
Recibir
Dar
Compartir
Rechazar
Jugar e imaginar
Durante la infancia, algunos de estos verbos se fortalecen y otros quedan relegados. Aprendemos, consciente o inconscientemente, cuáles son seguros y cuáles pueden generar conflicto, rechazo o vulnerabilidad.
Con el tiempo, esos aprendizajes se convierten en los pilares de nuestras relaciones adultas. Dan forma a nuestros mecanismos de defensa, a nuestras estrategias de supervivencia emocional, a nuestras fortalezas y también a nuestras fragilidades.
Por eso, si quieres entender mejor cómo aprendiste a amar, te invito a observar tus verbos.
Pregúntate:
¿Cuál de estos verbos te resulta más fácil?
¿Cuál evitas o te cuesta más?
¿Hay alguno que necesite más atención, práctica o cuidado?
Todos ellos entran en juego cuando afrontamos los desafíos cotidianos de la intimidad, el conflicto y la conexión. Algunos músculos relacionales están más entrenados que otros.
Te propongo un ejercicio: elige uno de estos verbos y conviértelo en tu foco durante el próximo mes. Obsérvalo. Practícalo. Cuídalo. Ponlo a trabajar de forma consciente hasta fortalecer ese músculo relacional.
Y después cuéntamelo.
Compártelo aquí o en mis redes sociales. Me encantará saber qué verbo has elegido, qué has descubierto sobre ti y qué estrategias creativas estás utilizando para desarrollarlo.
Porque, al final, aprender a amar es un proceso que nunca termina. Y quizá tu experiencia pueda inspirar a otras personas que siguen haciéndose las mismas preguntas en una consulta, durante una cena o mientras esperan su turno en una sala de espera.




Mi verbo para este mes es comprender
Me ha encantado, siempre me haces pensar y reactivar mi